Cuando hablamos de problemas de fertilidad, es fundamental diferenciar entre dos términos que suelen confundirse, pero que tienen distinto significado y abordaje médico: esterilidad e infertilidad.
¿Qué es la esterilidad?
La esterilidad se define como la incapacidad para conseguir el embarazo tras un año de relaciones sexuales frecuentes, regulares y sin uso de métodos anticonceptivos en mujeres jóvenes y ese tiempo se suele reducir a 6 meses en las mujeres mayores de 37 años. Se diferencian dos situaciones clínicas:
- Esterilidad primaria: cuando la mujer nunca ha conseguido un embarazo.
- Esterilidad secundaria: cuando, tras haber tenido al menos un embarazo anterior, ya no se logra un nuevo embarazo.
¿Qué es la infertilidad?
La infertilidad es la incapacidad para lograr el nacimiento de un hijo sano, es decir, se logran gestaciones, pero estas no finalizan con el nacimiento de un hijo sano. Suele manifestarse por abortos, embarazos ectópicos o pérdidas gestacionales tardías. También se diferencia entre:
- Infertilidad primaria: cuando nunca se ha conseguido tener un hijo que nazca vivo.
- Infertilidad secundaria: cuando después de haber tenido uno o más hijos, surgen dificultades para llevar a término embarazos posteriores.
¿Por qué es importante diferenciar ambos términos?
- Causas y tratamientos distintos: La evaluación, diagnóstico y tratamiento de la esterilidad y la infertilidad no son iguales. En la esterilidad deberemos descartar todas las situaciones que impiden la fecundación (alteraciones ovulatorias, de la producción de espermatozoides, alteraciones del útero, obstrucciones de las trompas) e incluso que alteran la implantación del embrión en el útero. Mientras que en el caso de la infertilidad deberemos descartar problemas genéticos y cromosómicos que impidan el adecuado desarrollo del embrión, alteraciones del endometrio que impidan el crecimiento del mismo o problemas hematológicos o inmunológicos maternos que contribuyan al rechazo del embrión y puedan hacer que termine perdiéndose el embarazo.
- Impacto emocional: aunque ambas situaciones son muy frustrantes para la mujer o pareja el hecho de tener gestaciones, pero perderlas (abortos o fetos muertos) supone un estrés emocional mucho mayor y requiere de un acompañamiento psicológico adecuado.













